La mala costumbre de la costumbre.
Se dice en términos científicos que el hombre es un “animal
de costumbres”, tan es así, que los cambios nos incomodan. Lo vemos cuando el
gobierno cambia leyes; cuando en el trabajo nos cambian horarios; cuando en el
super nos cambian de lugar los productos en las góndolas; cuando en la iglesia
imponen nuevos conceptos, etc. Pero la misma vida nos ofrece, o, en ocasiones
nos da “cambios” obligados. Las estaciones cambian; el hombre envejece, los
seres vivos (hombres, animales y plantas) morimos. Sin embargo, hay un cambio
que Dios sì desea que tengamos con gusto y de propia voluntad: “Nacer de nuevo”
(Juan 3:16). “Que dejemos al hombre viejo atrás” (Efesios 4:22); “que vivamos
ya no para nosotros sino para los demás” (Santiago 4:3). En conclusión,
necesitamos no sólo aceptar los cambios sino estar prestos a hacerlos para
acercarnos más a Dios. Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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