¿Està alguno triste?

 


 

Estàn por terminar dos años de encierros, restricciones y hasta amenazas obligadas para todo el mundo. ¡Cuàntas consecuencias buenas y malas ha causado èste tiempo!  Parecieran más las malas que las buenas, pero, a pesar de despidos en los trabajos; deficiencias físicas y económicas; enfermedades y sus consecuencias; defunciones familiares y de amigos íntimos, etc. No tenemos suficientes motivos para estar tan tristes como lo estuvo Cristo. ¿Por què?  Porque sabiendo que había venido al mundo a sufrir para pagar por pecados que él NO había cometido, aún así, millones de personas no le reciben (Juan 1:11). Fue tan profunda esa tristeza que llegó a exclamar delante de algunos de sus discìpulos: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Marcos 14:34). Nadie en èsta vida hemos tenido motivos para estar tan triste como lo estuvo el Mesìas, sin embargo eso no implica que podamos tener nuestros motivos y momentos de tristeza.   

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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