El testamento.

 


Cuando una persona muere, se dice que deja dicha por escrito su “última” voluntad, a dicho acto se le llama jurídicamente “testamento”. En ese documento o últimas palabras, el difunto deja muy claro què de sus pertenencias le deja a cada ser amado, familiar cercano, amigo personal o entidad alguna. Dios, por medio de la muerte de su Hijo nos ha incluido en su testamento (Juan 17:2,5-24; Colosenses 2:12). Y alguien preguntarà: ¿Y cuál es la herencia en sì? El verso 24 de Juan 17 nos lo declara abiertamente: “Padre, LOS que me has dado, QUIERO que donde yo estoy, también ellos estén conmigo”. Y, ¿en dónde está Cristo luego de ser resucitado y ser arrebatado al cielo según el libro de Hechos 1:9?.  “Sentado a la diestra del Padre” (Marcos 16:19). Y, ¿Quiènes son los que el Padre le ha dado? Los que le recibimos (Juan 3:16)  ¡Esa es nuestra herencia estar con ellos viendo SU gloria, y, por si fuera poco… eternamente!. Meditemos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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