Todos somos todos (Parte nueve).

 


 

“Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces… porque ninguno de sus hermanos creían en él” (Juan 7:3 y 5). Cuàntos seremos los que nos parecemos a los hermanos de Cristo (Jacobo, Josè, Simòn y Judas, y al menos sus dos hermanas; Mateo 13:55-56). Bien dijo Cristo en una ocasión: “Ninguno es profeta en su propia tierra” (Mateo 13:57). Què difícil es que alguien sea creìble dentro de su propia gente. Es mucho más fácil que personas que no nos conocen crean a nuestro anuncio del evangelio o profecìa. Razòn tenía el escritor cuando expresó: “¿Còmo oirán si no hay quien les predique… cuàn hermosos son los pies del que anuncia las buenas nuevas” (Romanos 10:14-15). Todos somos como los hermanos de Jesús.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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