Todos somos todos (Parte diez).
¿Acaso ha creìdo en él alguno de los gobernantes o de los saduceos?.
En tiempos antiguos existìan en Israel dos clases de religiosos: Los saduceos,
que solamente creían en los cinco libros de Moisès (Pentateuco) y que no creían
en la resurrección de los muertos (Hechos 23:8). Y, por otro lado, los fariseos,
quienes sì creían en el Pentateuco pero también en los profetas y los escritos.
Así, ambos grupos eran lo que podríamos considerar “eruditos o entendidos” en
materia espiritual. Se tenía también a los gobernantes como personas “inteligentes
o preparadas”, desde el momento que dirigían los asuntos políticos de la nación
y el mundo. Bien, el punto es que, muchos hoy en día, ya sea por poder, riqueza
o supuesto gran conocimiento somos como los antiguos y creemos no necesitar a
Dios para nuestra vida. Hasta que… algo desagradable nos acontece. Es entonces
cuando volvemos nuestros ojos al Salvador, ojalà y no necesitemos esos momentos
desgradables en la vida, pero si pasan “gloria a Dios”, pues su fin es para
bien (Isaìas 55:8-9). Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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