Todos somos todos (Parte cinco)
El paralìtico de Betesda. Nunca se nos diò el nombre de esa
persona, seguramente era porque nos representaba a todos “antes” de conocer al
Señor personalmente (Juan 5:5). 38 años llevaba ese hombre tirado en el suelo
arrastrándose para poder hacer cualquier cosa, toda una vida. Así somos
nosotros cuando no tenemos al Cristo en el corazón, cuando no nos hemos
sumergido en el agua de Su palabra, él mismo lo declarò (Mateo 8:22).
Necesitamos nacer de nuevo como Cristo le dijo a Nicodemo. Mientras no lo
hagamos estaremos arrastrándonos por la vida en situaciones desagradables sin
ninguna esperanza. Pero necesitamos decir como el paralìtico: “Si Señor, necesito
ayuda” (Juan 5:7). Meditemos.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
Comentarios
Publicar un comentario