Y estas cosas sucedieron como ejemplos. (Parte 6).

 


 

Para que no tentemos ni retemos a Dios (1ª Corintios 10:9). ¿Còmo lo hacemos?  Dios dijo: “Israel, pueblo mìo son, siervos mìos son, pues yo los saquè de la esclavitud de Egipto” (Levìtico 25:55). Preguntamos: ¿Si algo o alguien es propiedad de una persona, en èste caso de Dios, como dice el Salmo 24:1, entonces ¿Quién puede oponerse a lo que el dueño quiera hacer o dejar de hacer con su propiedad?  Cuestionar a Dios  (si decimos ser suyos) por lo que nos sucede o nos deja de suceder, es tentar y retar a Dios. El también dijo: “Yo sè que los pensamientos que tengo para con vosotros (creyentes) son para bien y no para mal” (Jeremìas 29:11). Entonces tenemos què entender que todo lo que nos acontece Dios lo utilizarà para bien y punto, eso es tener fè en él y no tentarlo. El pueblo judío es hoy lo que es, por el sufrimiento en el desierto hace casi 40 siglos. Y nosotros estamos en donde estamos porque el pueblo de Israel sufrió en ese desierto. Alguien en el futuro estarà frente a Dios por nuestro sufrimiento. Preguntamos: ¿Acaso no valen la pena nuestros desiertos?  Amèn y amèn.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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