Los peligros de decir: ¡Dios me hablò! (Parte final).

 


 

En el momento que nos conviene nosotros decimos como el padre Abraham: “Dios me hablò”. Ahora bien, si ciertamente Dios nos hablò y seguimos el camino que creemos él nos indicó, entonces no nos quejemos por los contratiempos que pudiera tener ese camino, pues el apóstol Pablo también nos indicó: “Es NECESARIO que por muchos tropiezos o tribulaciones lleguemos al reino” (Hechos 14:22). Pero, si a medio camino nos arrepentimos y hacemos lo que corrientemente llamamos “tirar la toalla”, entonces simplemente tenemos que aceptar que “inventamos a conveniencia” que fue Dios quien nos hablò. No podemos echarle la culpa a nadie ni justificar de ninguna manera el salirse, el no seguir adelante, el no obedecer, el no sujetarse, el no aceptar los retos, el no enfrentar los problemas, las angustias, los malos momentos que ese camino conlleva. Con razón Cristo dijo: “Si quieres ser salvo (venir en pos de mì), entonces toma tu cruz y sígueme” (Mateo 16:24). Nuestra actitud revelarà simplemente obediencia o rebeldìa.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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