Y resultó que el desierto no tenía nopales. (Parte final)
Nos parecìa a todos los
creyentes “dramática” la apertura de los sellos de Apocalipsis porque en
realidad habían de ser “dramáticas”, que no nos dimos cuenta cuando fueron
abiertos. Lo que nunca pensamos, o, mejor dicho recordamos, fue el hecho que en
el primer desierto allá en canaàn en pleno éxodo y desierto cayó manà del cielo
(Éxodo 16:31) y salió agua de la peña (Éxodo 17:6) y sucedió una o dos veces
sino por 40 años. Olvidamos también que por medio del apóstol Pablo se nos hizo
ver que “ellos” (el pueblo de Israel en el desierto) eran “ejemplo” para
nosotros hoy en día, quizás fue por ello también que esperábamos ver nopales en
el nuestro desierto y no un oasis (1ª Corintios 10:6-11). Al día de hoy, las
iglesias no pueden ser abiertas en muchas partes del mundo; muchos misioneros
son objeto de persecuciòn; los mensajes cristianos en redes sociales son
atentamente vigilados con algoritmos para ser censurados en el momento
adecuado; la única forma de adoraciòn y estudio que podemos tener con Dios en
muchas partes del mundo es en nuestros propios hogares, en nuestros lugares
secretos, en nuestros aposentos privados, por ello, creemos que esas cuatro
benditas paredes que nos defienden del maligno… son nuestro “desierto sin
nopales” pero no lo hemos entendido. Meditemos.
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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