Y resultó que el desierto no tenía nopales. (Parte uno)
Todo estudiante de las
escrituras conoce que para el final de los tiempos Dios ha ofrecido sustentar a
su Iglesia (la mujer de Apocalipsis) en el desierto. Muchos, por no decir todos
los interesados en la Escatologìa (Ciencia que estudia los eventos del fin),
pensamos de una u otra manera que ese desierto tendría nopales. ¿A què nos
referimos? Pues como la escritura narra: “Y se le dieron a la mujer las dos
alas de la gran àguìla, para que volase delante de la serpiente al desierto”
(Apocalipsis 12:14). Todos, repetimos, pensamos que realmente la iglesia había
de ser llevada a un lugar lejano, desèrtico, àrido, sin agua, al calor del sol,
etc. como sucedió en éxodo a Israel (Josuè 5:6). Pero, cuando analizamos los primeros
cuatro sellos que serían abiertos en la antesala de la venida del Señor, nos
damos cuenta que ese desierto no tenía nopales. Ese desierto lo que ha tenido
son cuatro paredes (nuestra casa) que nos han protegido del maligno a todos los
creyentes que nos hemos postrado a orar y a interceder por los nuestros, por los
necesitados, y por nosotros mismos (Ezequiel 9:4 y Apocalipsis 9:4).
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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