Todas las cosas son fatigosas.
Platicàbamos con una
adolescente que recién inició su trabajo de vacaciones, y expresaba: “Ahora ya
me dì cuenta que la vida no es fácil”. Ella ha tenido el privilegio de tener un
hogar; de tener quien le pague su educación; de ir y venir al cole cómodamente
en un auto de la familia o en un bus vigilado (respondiendo positivamente a
ello por supuesto). Pero, en cuanto experimentò lo duro de ganarse el sustento,
alcanzó a ver la diferencia entre tener o no tener responsabilidades de adulto.
Aprendiò en carne propia las palabras bíblicas dadas por el rey Salomòn cuando
dijo: “Todas las cosas son fatigosas más de lo que el hombre puede expresar”
(Eclesiastès 1:8). Y, comprobó por experiencia propia las sentencias dadas al
hombre y la mujer en Gènesis, cuando luego de haber caìdo en el pecado Dios señalò
a la mujer: “Multiplicarè en gran manera los dolores de tus preñeces; con dolor
daràs a luz los hijos. (Gènesis 3:16). Mientras que al hombre le expresó: “Maldita
será la tierra por tu causa; con dolor comeràs de ella todos los días de tu
vida” (Gènesis 3:17). Si, la vida no es fácil, la vida no regala nada, las vidas
tanto del hombre como de la mujer son fatigosas… más de lo que el hombre puede
expresar como lo expuso el rey Salomòn.
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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