No somos nosotros a él, sino èl quien nos elige.

 


Cristo dijo: “Esta es la voluntad de mi Padre que todo lo que me ha dado yo no lo pierda” (Juan 6:39). Veamos màs: “No habían nacido aún, no habían hecho ni bien ni mal aún, pero para que el propósito de la elección de Dios permaneciere, a Jacob amè y a Esaù aborrecì” (Romanos 9:1-13). “Dios escogiò a David su siervo de entre los apriscos de las ovejas” (Salmo 78:70). “Jesús escogiò a sus discípulos” (Lucas 6:12-16). ¡NO somos nosotros quienes elegimos a Dios, es él quien nos elige a nosotros!. Veamos más: “Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios” (Efesios 1:1). “Bendito sea el nombre de Dios, quien nos escogiò en él ANTES de la fundación del mundo” (Efesios 1:3-4). Debemos entender que fue Dios quien decidió quièn sería salvo y quièn no, él es el dueño de la tierra y de todos los que la habitamos, por lo tanto, él decide què, quién, cuando, dónde y por què en todos (Salmo 24:1). Si sabemos que somos eligidos entonces seamos agradecidos y vivamos distinto.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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