Maldecirè vuestras bendiciones.

 


En el libro del profeta  Malaquìas vemos cómo Dios reprende a los lìderes por no dar gloria a su nombre (Malaquìas 1:1-2). Y la sentencia es: “Enviarè maldición sobre vosotros, y maldecirè vuestras bendiciones” (verso 2). Sentencia durísima pues no solamente abarca el hecho de no tener bendiciones sino también de maldecir lo que ya se tiene como bendición (Lucas 6:16 y Juan 12:4). Ahora bien, hemos de notar que no solamente a los lìderes puede venir èsta sentencia, pues ella viene por no dar la gloria a Dios. Así, què, si una oveja no le da la gloria a Dios (con una vida santa), también se hace acreedora a esa misma sentencia. Por ello, hemos de estar consciente que todo lo que somos, todo lo que tenemos, todo lo que logramos en èsta vida es por su bendita gracia, voluntad y misericordia, no por nuestros propios medios (aunque sì debemos hacer lo que nos corresponda hacer). ¡Esa, es precisamente la blasfemia contra el Espìritu Santo!, acreditarnos nosotros mismos lo que logramos o hasta dónde hemos llegado (Marcos 3:29). Prueba de èste principio, son los milagros que Jesús había hecho antes de èsta expresión y que los religiosos atribuìan a un demonio no al poder de Dios.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.   

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