La voz de la sangre clama.
El mismo día que Caìn
asesinò a su hermano Abel por envidia, Dios le expresó: “La VOZ de la sangre de
tu hermano clama a mì” (Gènesis 4:10). ¿Hemos entendido el mensaje? No de la
envidia, no del respeto o irrespeto a la vida propia o de otro, sino más bien
que la sangre “habla” y lo más importante “nos habla”. ¿A què nos referimos?. A que la escritura dice: “El que cree en él
(Cristo), no es condenado; pero el que no cree en él (Cristo) ya ha sido
condenado (Juan 3:18). ¿Por què? Porque Cristo, el Hijo de Dios derramò su
sangre para “hablar” a favor nuestro en el juicio personal (vea Hebreos 9:27; 1ª
Juan 2:1 y Apocalipsis 20:12). Porque no creer en Cristo es no querer escuchar esa
amorosa voz de la sangre que nos habla para decirnos que quiere salvarnos. En
la sangre está la vida del hombre y de los animales, por ello, fue que Dios
prohibió comerla en ninguna forma o manera (Gènesis 9:4). La sangre lleva el
ADN (Acido Desoxirribunuclèico, proteína que contiene el material genético de
un ser humano). Si no nacemos de nuevo llevamos el ADN de la muerte espiritual,
pero si lo hacemos, aceptando el sacrificio de la cruz de Cristo, estamos
siendo adoptados con el ADN santo y sin mancha de nuestro Rey, pues esa sangre
“habla”, “clama” por aceptarnos (Hebreos 12:24).
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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