Esperanza en medio de la tormenta.
En el caos que había
dejado el cautiverio de Babilonia sobre el pueblo de Dios, reciben mensajes de
esperanza en medio de la tormenta: “Aún han de morar ancianos y ancianas en las
calles de Jerusalèn, cada cual con bordòn en su mano por la multitud de los
días” (Zacarìas 8:4). El mensaje es claro: El pueblo de Dios, por oscura que se
vea la situación (más aún hoy en día con el intento de aniquilación premeditada
de nosotros los de la tercera edad), tendrá el privilegio de tener ancianos y
ancianas entre sus habitantes. Los ancianos han sido por generaciones en todas
las tribus y naciones, una parte fundamental de sus culturas, pues, si
ciertamente la “fuerza” está entre los jóvenes, también lo es, que la “sabiduría
y la experiencia” están entre los ancianos. Gloria a Dios que nos ofrece un remanente de
ancianos y ancianas con experiencia material pero especialmente espiritual para
los últimos tiempos también (verso 6).
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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