¿El evangelio, predicado a los muertos?
El apóstol Pedro nos
escribe diciendo: “Porque por ESTO también ha sido predicado el evangelio a los
muertos” (1ª Pedro 4:6). Pero, cuál ¿esto? Y cuáles ¿muertos?. ¿Fue alguien a
predicar al cementerio a media noche?. ¡No!, Cristo nos encaminó en la
respuesta: “Dejad que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8:22). Y nos
lo termina explicando así con Nicodemo:
“Es necesario NACER de nuevo” (Juan 3:3). Por lo tanto, lo que Cristo nos dice
es prácticamente que uno puede estar caminando por la calle, pero si no lo
acepta a él como Rey y Salvador, uno es un muerto que camina. Quizás ahora
entendamos mejor la explicación que nos da el apóstol Pedro en su epístola: Luego
de aceptar a Cristo, “NO vivan el tiempo que les resta, conforme a las
concupiscencias de la carne, sino según la voluntad de Dios” (1ª Pedro 4:2). Es
más, nos explica que por “esa” razón, la de dejar de vivir bajo las
concupiscencias de la carne, aún nuestros seres queridos y amigos nos señalarán
y ultrajarán de palabra (verso 4). Muerto, pues, según Cristo, NO
necesariamente es todo aquél que está yaciendo en un nicho, sino todo aquél que
aún caminando por la calle NO conoce NI sigue al Cristo.
Señor: Danos un honesto
celo por tu casa.
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