Cómo agradamos a Jehová nuestro Dios.

 


El pueblo de Dios en tiempo del profeta Miqueas pregunta: ¿Con qué me presentaré ante Jehová, para agradarlo? ¿Con miles de carneros y millares de arroyos de aceite?. Y la respuesta es muy alejada de lo material, de lo tradicional, y aún, de lo lógico: “Lo que Jehová tu Dios pide es justicia, misericordia y que te humilles ante él” (Miqueas 6:7-8). En nuestro afán de querer agradar a Dios, todos cometemos el eterno error de medirlo por nuestros gustos, costumbres o deseos, o peor aún, medirlo con actos religiosos, o sea, de forma material. Agradar a Dios es tan fácil que no nos lo creemos a pesar de tener a Cristo como nuestro gran ejemplo. En momentos tranquilos y cotidianos de su vida exclamaba: “No hago nada por iniciativa propia, sino hago la voluntad de mi Padre (Juan 5:30). Y, en los momentos de angustia nos enseñó lo siguiente: “Padre, si es tu voluntad ésta copa puede pasar de mí, pero no se haga mi voluntad sino la tuya” (Lucas 22:42). La pregunta es: ¿Amamos tanto al Padre como para confiar en que se haga SU voluntad y no la nuestra?. Meditemos.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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