Para eso… hay que agradarlo.

 


Un ideal que todo ser humano tiene en la vida, es adquirir lo suficiente para vivir cómodo, manejarlo con entendimiento, y así, poder gozarlo. ¿Qué persona conocemos que no esté buscando eso?  No son muchos los que lo alcanzan, y sin embargo la escritura nos da la receta para poder lograrlo. Quizás no la hemos leído, o, quizás la leímos y la dejamos pasar. El punto es, que el hombre más sabio que ha existido sobre la faz de la tierr sin contar a nuestro Señor Jesucristo, es el rey Salomón, quien expresó luego de haberlo experimentado: “Porque el hombre que le agrada, Dios le da sabiduría, ciencia y gozo” (Eclesiastés 2:26). Y, ¿cómo agradamos a Dios?  La escritura también nos lo dice: “Si oyeres y obedeciereis hoy mi voz, yo te exaltaré sobre todas las naciones” (Deuteronomio 28:1). Dios nos ha hablado en el pasado de muchas maneras y nos habla hoy (Hebreos 1:1). Pero el punto es que nosotros no lo escuchamos, o si lo hacemos, no le obedecemos. He allí, el punto del por qué no recibimos sabiduría, ciencia, y mucho menos gozo.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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