El testimonio de cada uno es como una marca o señal.

 


Los líderes judíos conjuntamente con el gobierno romano asesinan al Cristo (Marcos 15:1). Luego de sepultado, resucita al tercer día como estaba escrito (Mateo 17:23). Se presenta primero a María Magdalena (Marcos 16:9), luego a dos de sus discípulos camino a Emaús (Marcos 16:12 y Lucas 24:13). Y por último a sus discípulos (Juan 20:19). Pero, en ésta última aparición por razones que las escrituras no nos estipulan, uno de ellos, Tomás, no estaba presente por lo que no pudo ver a su maestro. Sin embargo nos narra el evangelio lo siguiente: “Ocho días después” estaban otra vez reunidos los discípulos, y ahora sí estaba Tomás, y pudo comprobar viendo los agujeros en sus manos y en el costado que se trataba de su Señor (Juan 20:26-27). Mucho se ha hablado de la incredulidad de Tomás, más ahora en lo que queremos hacer énfasis es en las marcas o señales en Cristo. Cuando una persona sufre, tiene angustias, pasa penas, pasa enfermedades, o aún, le toca vivir el luto de una pérdida… JAMÁS queda igual, esa persona llevará una marca o una señal que lo hará diferente de las demás personas. Pues “ese” es su testimonio y jamás será indiferente a las penas ajenas. Selah.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.      

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