Lo que la Historia nos cuenta. (Parte dos).

 

 

Nótese qué, en línea recta desde Roma hasta Jerusalén hay una distancia de 2,300 kilómetros aproximadamente, y, bordeando las costas esa distancia se convierte en 4,100 kilómetros. A qué viene éste punto. Al hecho que el esfuerzo, el gasto y el tiempo que les llevó a las tropas romanas para llegar y destruir el movimiento cristiano, fue altamente costoso. A esa destrucción física de Jerusalén y del templo; al asesinato de todo creyente; y, a la dispersión de los que pudieron escapar (profecía dada por Cristo en Mateo 24:16-20) se le conoce como la Gran Diáspora de los Judíos (judíos creyentes, y  gentiles convertidos a Cristo que estaban conformando el “cristianismo”, NO una religión, vea verso 16 y Hechos 11:26). Desde ese momento, el año 70 de nuestra era hasta el año 325 cuando otro emperador romano, Constantino, se convierte al cristianismo: “TODO aquél que se llamara creyente o cristiano era ASESINADO”. La mejor prueba de ello la tenemos que toda esa gente que huyó por el nombre de Cristo y que fue parte de ese naciente movimiento, tuvo que vivir lejos y escondida, o literalmente bajo tierra en lo que conocemos como las Catacumbas.  

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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