La certeza que Daniel y sus amigos tenían.

 


Nuevamente la orden del rey era: “Quien no adore mi imagen debe morir” (Daniel 3:6y11). Pero Daniel y sus amigos, no temían desobedecer esa orden ¿Por qué, si sus vidas estaban en peligro? Porque “Daniel y sus amigos honraban a Dios”, y esa, es la razón por la que nosotros le tememos al horno de fuego: ¡Nosotros NO lo honramos!.  Nuestros votos los vemos con oportunismo (si me das Señor… entonces hago, voy o te doy). No cumplimos con nuestras obligaciones mínimas como tener un minuto para él cada mañana, nos levantamos y nos vamos como perritos aduciendo que todo saldrá bien porque sí.  No tratamos de entender sus planes y sus propósitos leyendo, estudiando y discerniendo las escrituras, sino vivimos según nuestros propios criterios. No tenemos gratitud por lo que tenemos y somos, sino descontentos, siempre queremos más. De lo que lo sí lo creemos a él capaz de hacer… es lo que nosotros hacemos con él… olvidarnos (Salmos 103:2).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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