He aquí, el bien que yo he visto dijo Salomón.
En el libro de Eclesiastés, Salomón guiado por el Espíritu de Dios nos
da inmensos consejos de sabiduría, que, si los aplicáramos a la vida, como
decían las abuelitas: ¡Otro fuera nuestro cantar!. En 5:18, nos enseña que el
bien de ésta vida está en que cada día, comamos y bebamos y nos gocemos del
fruto de nuestro trabajo. Que, el hecho de no poner nuestros ojos en los afanes
de mañana, es sabio, pues cada día trae el suyo. Que para eso trabajamos para
disfrutar del fruto de ese trabajo. Con razón el apóstol nos dice siglos
después: “El que no quiera trabaja, pues que tampoco coma” (2ª Tesalonicenses
3:10). En otras palabras, estamos en el derecho de no trabajar, pero eso
implica que tampoco tenemos el derecho de comer. Hemos sido llamados a libertad
en el Señor no a esclavitud, nadie tiene por qué juzgarnos entonces si
disfrutamos del fruto de nuestro trabajo, y menos, si lo compartimos con el
necesitado, la viuda, el huérfano y el anciano, total “ESA” dice el apóstol, es
la verdadera religión (Santiago 1:27), y el consejo del hombre más sabio.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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