El Espíritu de Dios: ¡Ya no estaba en el templo! (Parte final).
Cuando “siete mil” siervos fueron llenos del Espíritu de Dios en tiempos
del profeta Elías, no estaban ni en una
sinagoga ni un templo ni con los líderes, sino solamente dependían de Dios (1ª
Reyes 19:18). “Ezequiel” no estaba ni en una sinagoga ni el templo ni con los
líderes cuando profetizó el cautiverio, solamente dependía de Dios
(Ezequiel 23 completo). Cuando “Daniel”
recibió las revelaciones del final de sus tiempos Daniel 7:16-19 y 12:4 (Daniel
9) y del nuestro (Apocalipsis), no estaba ni en una sinagoga ni en el templo ni
con los líderes sino solamente dependía de Dios.
Cuando “Cristo” nos da los secretos del final de nuestros tiempos, está,
no sólo enemistado con los líderes religiosos por exponernos en Mateo 23, sino
“casualmente” saliendo del templo, viéndolo de lejos, y dependiendo “solamente”
de Dios Padre (Mateo 24:1 y Marcos 13:2). Cuando las plagas con sus copas y
trompetas inician los juicios de Dios en Apocalipsis 8:1-5, los “santos” ya no
están ni en una sinagoga, ni un templo ni con los líderes sino dependiendo del Anciano de días (Apocalipsis
7:4 y 14). Es muy curioso que la historia nos muestre lo contrario de lo que
nos han hecho creer. Que si no estamos en el templo (entre cuatro paredes)… no
somos parte del mismo. ¿Con ese razonamiento, preguntamos: ¿En dónde quedaría
el Espíritu Divino que guió al apóstol cuando le enseñó: VOSOTROS SOIS EL
TEMPLO? (1ª Corintios 3:16). Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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