No se fiaba de ellos.
Cristo viene de hacer su primer milagro en unas bodas en Caná de Galilea,
convirtiendo el agua en vino (Juan 2:11). Al siguiente día como venía la fiesta
de la pascua subió a Jerusalén (Juan 2:13), pero entrando al templo mira a los
mercaderes y les tira las mesas y las monedas echándoles fuera, diciéndoles: La
casa de mi Padre es casa de oración, no cueva de ladrones (Mateo 21:12). Luego
nos narra la escritura que, estando en Jerusalén muchos se admiraban de sus
señales, pero: “El, no se fiaba de ellos” (Juan 2:24). Y, ¿Por qué no se fiaba
de ellos? El mismo verso nos lo dice: “Porque los conocía a todos”. (Quizás entre
ellos, estaban aquellos cambistas que acababa de echar del templo, o peor aún,
los líderes religiosos que los manejaban). La pregunta es: ¿Dado que él conocía
y conoce a todos, será que hoy somos dignos de su confianza o será que tampoco
se fía de nosotros?. Selah. Los hechos hablarán por cada uno.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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