¡Me están juzgando! (Parte final).
Con la base de religiosos señalados por Cristo por su doble moral (Mateo
23), venimos ahora a los tiempos nuestros, que cuando un desconocido quiere
“exponerles” la verdad a seudo-líderes, es inevitable que éstos no se sientan
juzgados por alguien que no tiene, según ellos, “mérito” alguno. Cuando una
persona, que ama al Señor; que le busca todos los días con un celo verdadero;
que no busca ganancias deshonestas; que no busca autoestima ni honras… les muestra
la verdad, repetimos, muy frecuentemente es tildado de “Juez sin ninguna
autoridad”. Es muy común también que se utilicen frases fuera de contexto como:
¡No hay que tocar al ungido de Dios!. Frase cien por ciento bíblica y
verdadera, PERO, que Dios le diera a David en favor de Saúl “exclusivamente”,
no como una ley o patrón a establecerse (1ª Samuel 24:12 y 1ª Timoteo 5:1). El
apóstol Pablo dijo: “No juzguemos a los que están fuera de la Iglesia, a ellos
los juzgará Dios, juzguemos a los de adentro para ver si son verdaderos” (1ª.
Corintios 5:11-12). Y añade, y al hipócrita y perverso de dentro sacadlo (verso
13).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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