Frustración y frustración, decepción y decepción.
Frustración: “Imposibilidad de satisfacer una necesidad”; Decepción: “Pesar
causado por un engaño”. ¡Cúantas frustraciones y decepciones no hemos llevado
los creyentes, a quienes nos han instruido en confiar en los demás casi
ciegamente! Sin embargo, el Señor nos
manda en palabras llenas del Espíritu por medio del apóstol Pablo lo siguiente:
“No tengáis pleitos entre vosotros! Más bien “Sufrid el ser defraudados” (1ª
Corintios 6:7). Cristo nos enseñó algo que nos es muy difícil de poder cumplir:
“Si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra; y si alguien te
quita la capa, déjale que se lleve también tu camisa” (Lucas 6:29).
Para poder cumplir con ese consejo se necesita un requisito… Gracia
Divina. Y solamente la tendremos si nos echamos a los pies de aquél que nos amó
primero, sabiendo lo que éramos y lo que hacíamos. Cuánto más, ahora, que ya
somos salvos y limpios por su sangre no nos concederá los deseos del corazón, sobre
todo, si esos deseos son para hacer el bien a su rebaño y dignificar su nombre.
Que la frustración y la decepción no nos detengan... el galardón vale la pena,
sigamos como Moisés, sosteniéndonos como viendo al invisible. Selah.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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