Ciertamente tu Dios es Dios de dioses.

 


El rey Nabucodonosor tiene un sueño, y nadie se lo puede interpretar sino tan sólo Daniel (Belsasar) el israelita (Daniel 2:27). Luego de la explicación e interpretación del sueño, el rey asombrado le exclama a Daniel: “Ciertamente, el Dios vuestro es Dios de dioses, y Rey de reyes” (Daniel 2:47). ¿Por qué Nabucodonosor al fin cree? ¡Porque vió resultados!. Y, ¿Por qué vio resultados? Porque Daniel llevaba una vida tan consagrada que Dios le permite los dones de ciencia, sabiduría y conocimiento (Isaías 11:2). Ahora bien, ¿Cuál es la razón por la que nosotros hoy en día NO somos creíbles? Simplemente porque NO tenemos esos dones y talentos del Señor. Y, ¿Por qué no los tenemos? Porque no vivimos tan piadosamente como lo hacía Daniel. Solamente una vida entregada a plenitud puede lograr ese o esos favores del Dios de dioses. Lo vemos en personas como Juan el Bautista y el apóstol Pablo. Mientras NO vivamos con ese grado de piedad, seguramente, tan sólo seremos una voz en el desierto, y seguiremos sin poder escuchar por testimonio nuestro: ¡Ciertamente tu Dios es Dios de dioses!.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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