¡Me están juzgando! (Parte uno).
Era el año 30 de nuestra era, y un “desconocido” que no había
participado en la sinagoga como muchos otros que se hacían llamar “ungidos” (Juan
8:33), los señala y les dice: ¡Hipócritas!; ¡Ciegos, guías de ciegos!,
¡Generación de víboras! (Mateo 23:14,15,16,18,23,25, 27,29 y Mateo 3:7). Ellos quedan
ofendidos, avergonzados y en silencio, pero, guardándosela, ya que en su
momento le dicen: ¿Quién eres tú para juzgarnos, si nosotros no somos hijos de
un adulterio como tú? (Juan 8:41). Haciéndole “memoria” al desconocido que su
madre resultó esperando antes del matrimonio, lo cual era señalado como pecado
por la Ley que ellos decían honrar (Mateo 1:20). Ese desconocido era el Cristo,
el Hijo del Dios viviente (Mateo 16:16).
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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