El Ministerio que recibiste en el Señor.

 


Vemos a maestros enseñar con gran humildad y sencillez la sana doctrina (la cruz); a otros con tremendo discernimiento de la palabra explicándonos los misterios ocultos, y a otros más, fundando y dirigiendo dedicadas congregaciones de santos (Efesios 4:11). Pero notemos algo muy importante, en esos mismos versos entendemos lo siguiente: “El mismo (Cristo) los constituyó, no fueron nombrados por el hombre”. Y los constituyó para: 1- Perfeccionarnos; 2- Edificar el cuerpo de Cristo; 3- Llevarnos a la unidad de la fe; 4- Al conocimiento del Hijo; 5- A la estatura del varón perfecto (Efesios 4:11-13). NO fueron constituidos para ENTRETENER a los fieles ni ENTRENERCE ellos (Ezequiel 34:8); ni mucho menos para MERCADEAR con ellos (2ª Pedro 2:3). Cada uno hemos recibido un don, un talento, una gracia de Dios, y para que tengamos éxito en la obra solamente tenemos que tener en cuenta algo que le fue dicho por el apóstol Pablo a Aristarco: “Mira que cumplas el ministerio que recibiste en el Señor” (en otras palabras no otro ministerio sino el propio) (Colosenses 4:17).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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