Seamos serviciales pero no estorbemos.
El Señor en las escrituras nos enseña a que seamos serviciales, y que
estemos prestos a atender las necesidades de nuestros prójimos, y en especial, de
nuestras familias y de nuestros hermanos en la fe (1ª Juan 3:17). Nos incita a
tener un amor limpio y puro sin intereses (1ª Pedro 1:22). Pero también somos
llamados a no estorbar los planes de Dios, pues, hasta para ayudar debemos pedir
la guía de nuestro Señor. ¿Por qué? Porque si no, estorbamos sus planes, veamos
el ejemplo insigne de ello: Cristo les explica a sus discípulos que le es
“necesario” ir a Jerusalén y padecer
mucho de los líderes religiosos, pero, el apóstol Pedro en su supuesto amor y
lealtad al Cristo le dice: “Señor, de ninguna manera esto te acontezca” (Mateo
16:23). Analicemos, si Cristo le hubiera hecho caso a Pedro: primero, hubiera
desobedecido al Padre porque el propósito para el que fue enviado no se hubiera
cumplido; segundo, todas las profecías dadas en el pasado no se hubieran podido
cumplir; y tercero, no hubiera sido salvo NADIE (Juan 3:16). Ayudemos, pero
ayudemos luego de orar para no estorbar los planes de nuestro Dios. No sea que
por ayudar sin guía divina hagamos inútil a alguien, o, seamos parte del estorbo
en los planes de Dios.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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