Nuestras 30 monedas de plata.

 


Es tan fácil señalar a Caín de haber matado a Abel… pero nosotros envidiamos la suerte de otros o de otras (Génesis 4:8). Nos es tan fácil señalar a Aarón y María de haber desobedecido o retado a Moisés… pero nosotros lo hacemos con nuestros padres; la pareja, o un superior (Números 12:1-2). Nos es tan fácil señalar a David de haber cometido adulterio… pero nosotros no dejamos de echar la segunda mirada a lo que otros tienen (2ª Samuel 11). Nos es fácil señalar a Judas de haber traicionado a Cristo por 30 monedas de plata… pero nosotros somos ambiciosos, codiciosos, no queremos perder nunca, deseamos lo que otros tienen, y vivimos pecando como dice el apóstol Pablo en Romanos (3.23). Es fácil señalar el defecto en otros, pero qué difícil se nos hace reconocer el propio, y qué pronto, encontramos justificación al nuestro aunque en muchas ocasiones sea el “mismo”. Entendamos, no sólo Judas entregó al Cristo, nosotros también tenemos nuestro momento de 30 monedas de plata más seguido de lo que nos damos cuenta (Mateo 26:15). Lo mejor que podríamos hacer es tener un tiempo de meditación y arrepentimiento cada día.

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Presentemos nuestros cuerpos en sacrificio vivo.

La esterilidad en la antigüedad.

Porque donde están dos o tres.