La sujeción y sus resultados. (Parte dos)
Se puede obedecer de varias formas: 1- Por intimidación, como el caso de
muchas mujeres en la biblia que fueron llamadas por orden de un rey, al cual no
se podía desairar pues se corría el riesgo de morir (Betsabé y David 2ª Samuel 11). Se puede obedecer por temor debido
a la autoridad que tienen sobre uno (Agar, la criada de Sara Génesis 16:3). O,
por el contrario, podemos obedecer de buena voluntad por amor (Sara y Abraham Génesis
12:13). Todas éstas circunstancias tienen una consecuencia. Ahora bien, ésta
última clase de amor, la obediencia voluntaria y sincera tiene consecuencias
muy productivas, no así las otras. La sujeción por amor es sufrida (entendamos
difícil)… pero a cambio es benigna, no tiene envidia, no es jactanciosa, no se
envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda
rencor, no se goza de la injusticia, se goza de la verdad (1ª Corintios
13:4-6). Pero la condición para que todo esto se cumpla es: “Que el hombres se
sujete a Cristo, y la mujer a su marido” (1ª Corintios 11:3). Al romperse esa
cadena en cualquiera de sus formas trae consigo muchas y malas consecuencias.
Señor: Danos un honesto celo por tu casa.
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