Entonces David rogó a Dios por el niño. (Parte final).


Veamos un ejemplo para comprobar que no es reclamando, declarando, ni decretando que las situaciones se dan en la vida del creyente. El Rey David, ha pecado por ver, llamar, tomar y abusar de una mujer casada (Betsabé, esposa de Urías) (2ª Samuel 11). Nos narra la historia que el rey oró, ayunó y no durmió durante siete días (2ª Samuel 12:18), y aún así el niño murió. Preguntamos: ¿Siendo el rey David el UNICO hombre del cuál Dios dijo: “Varón hecho conforme a mí corazón” (Hechos 12:22), no creemos nosotros que sería la persona “más indicada” para reclamar, decretar y exigir algún derecho frente a Dios para tener resultados favorables? Y, sin embargo en lugar de ello se puso a orar con humildad, a ayunar con esperanza y vergüenza, y a esperar no “la”, sino “una” respuesta del Señor, fuera ésta positiva o negativa. Entonces, ¿quiénes somos nosotros para creer que estamos por encima de un hombre conforme al corazón de Dios, para exigir, declarar o decretar?. NO nos dejemos engañar por esa clase de líderes que están tras un púlpito por llenar una necesidad y no por un llamamiento al ministerio de Dios (2ª Timoteo 1:9).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.  

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