Entonces David rogó a Dios por el niño. (Parte uno).

 


Hoy en día es muy común entrar a una congregación y ver y oír cómo el líder enseña a las ovejas a “reclamar” derechos como creyente; a “declarar” situaciones en el nombre del Señor; y a “decretar” palabras y eventos, que, en su totalidad son “beneficios” para quien recibe el reclamo, la declaración o el decreto. ¿Reclamar derechos como creyentes? Cuando fuimos elegidos por Dios y no nosotros los electores (Juan 15:16). ¿Se podrá declarar situaciones favorables siempre, cuando somos llamados a sufrir juntamente con el Señor al llevar su cruz cada día? (Mateo 16:24 y 2ª Timoteo 2:12). Y, ¿Decretar situaciones y eventos? cuando el único que puede emitir leyes (pues eso significa decretar) es Dios (1ª Reyes 8:23 e Isaías 14:27). Cualquier creyente “medianamente” entendido en los asuntos del Señor, con sólo leer, no digamos estudiar el Sermón del Monte, puede entender que es con humildad y no con arrogancia que el Señor responde a nuestras súplicas y necesidades (y eso, cuando conviene a SUS planes), no a caprichos ni segundas intenciones: Mateo 5:3 (Los pobres); 5:4 (los que lloran); 5:5 (los mansos); 5:10 (los que padecen persecución por su nombre).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

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