Los motivos ocultos y sus consecuencias. (Parte final)


 

Repetimos, los motivos ocultos traen “grandes y duras consecuencias”. Un ejemplo claro en lo material puede ser el matrimonio: Si alguien se casa solamente por la belleza de la otra persona, se casó por “lascivia”, el resultado será catastrófico, pues ese cuerpo se va arruinando, y el “supuesto” amor nunca llegará a un final feliz, porque ese tipo de persona se casó para “satisfacer los deseos de la carne” (Gálatas 20:16), el resultado será un “divorcio”. Si una persona se casa por “despecho” a otra, para demostrarle que perdió mucho, y que, en otro lado sí es apreciada, las consecuencias van a ser dolorosísimas, pues se casó por ira, por contienda, y esas son “obras manifiestas de la carne” (Gálatas 5:19), el resultado será una gran “decepción” . Ya no digamos si alguien se casó por interés económico, esas consecuencias serán aún más dolorosas pues se atenta contra uno de los principales mandamientos de Dios: “No codiciarás la casa de tu prójimo ni bien alguno de él” (Deuteronomio 5:21), el resultado será una gran “frustración y verguenza”.  Ahora bien, si a eso le agregamos que la mujer o el hombre son viudos, las consecuencias de querer quitarle a un huérfano sus bienes es calamitosa, porque Dios es el “defensor” de los huérfanos (Salmo 68:5), y, quien les hace “justicia”  (Deuteronomio 10:18). Un tipo de persona así termina peor de cómo empezó (Salmo 68:5).

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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