La personal soledad del Atalaya
Un Atalaya es un “vigilante”,
alguien que no duerme para poder observar; alguien que tiene que estar atento
para anunciar cualquier cambio que pueda hacer daño; alguien que generalmente
“cree” estar solo por el hecho que la torre o lugar alto en el que debe estar
es pequeño, estrecho, y sobre todo, aislado (pero como los objetivos no son
solamente de él no está solo). Quizás el ejemplo más claro de ello lo tenemos
en el profeta Elías (profeta y atalaya del pueblo judío en contra de la
expropiación de tierras por el gobierno, 1ª Reyes 21). Debido a lo cual, Elías,
en un momento dado se acobarda y clama: ¡He sentido un vivo celo por Jehová,
pero “solo” yo he quedado!. Pero la respuesta de Dios fue: “Me he guardado
siete mil como tú” (1ª Reyes 19:10,14 y 18). Ciertamente la vida de un Atalaya
resulta ser solitaria para él mismo, pero no por ello deja de tener compañía,
lo que sucede es que esa compañía está lejos de su presencia, pero son ángeles
en su camino. Tener “esa” experiencia es un privilegio que no muchos Atalayas
entienden aún viviéndola. Gracias a Dios que nunca los deja solos. Gloria sea a
su nombre.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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