¡Eso… también es pecado!
El apóstol Santiago,
el hermano del Señor Jesús, nos dejó escrito: “Saber hacer lo bueno, y no
hacerlo, también es pecado” (Santiago 4:17). Nosotros creemos que matar,
adulterar, robar, mentir, engañar, etc. son pecados, pero el apóstol nos enseña
que también es pecado NO hacer lo que sabemos que es correcto hacer. No cumplir
con nuestras obligaciones también es pecado; no cumplir con gozo nuestros
compromisos también es pecado; no decir toda la verdad también es pecado.
Lastimosamente, como en los tiempos de Cristo, la gran mayoría de creyentes
venimos de un trasfondo “religioso, no espiritual”, lo que nos hizo crecer con dolencias
espirituales como a los fariseos, saduceos y escribas a quienes el Cristo les
llamó “Hipócritas”. Nacimos bajo la influencia que tuvo el pueblo de Israel,
ese círculo ingrato de pecar, arrepentirse, confesar, cumplir una penitencia y
volver a pecar, por qué, porque no había un genuino arrepentimiento (Jeremías 2
completo). Hoy, el verdadero evangelio, el de la cruz (la espiritualidad), nos
ha enseñado que el mejor remedio para agradar a Dios es un verdadero arrepentimiento:
“Saber hacer lo bueno, y hacerlo”.
Señor: Danos un
honesto celo por tu casa.
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