En
los últimos años, las iglesias se han llenado de gente con “comezón de oír”
(2ª. Timoteo 4:3). Personas que quieren oír lo que ellos “quieren” oír, pero no
lo que “necesitan” oír. Por ello, cuando alguien, así como sucedió hace dos mil
años con Juan el Bautista, Cristo, los apóstoles, Pablo, Timoteo, Tito,
Bernabé, etc. “comparte o predica” el mensaje de la “cruz de Cristo”, el
verdadero evangelio (Gálatas 3:1,13, 28-29) resulta que NO es un mensaje
popular. El verdadero evangelio, el de la cruz de Cristo, “contiene” un final a
la era del hombre como la conocemos hoy (2ª Pedro 3:7). Por ello, los sucesos
que nos están aconteciendo en éstos días NO son una coincidencia, una
casualidad, ni mucho menos da para pensar: ¡Eso ha pasado siempre a través de
la historia!. NO, el tiempo ha llegado, las profecías se están cumpliendo y se
terminarán de cumplir y pronto. ¡Estemos preparados porque será inesperadamente!
(Mateo 24:44). Cristo nos recomendó: “Bienaventurado aquél siervo al cual,
cuando su Señor venga, le halle haciendo lo que él le mandó hacer”
(parafraseado, Mateo 24:46). Dejemos de utilizar la iglesia como un medio de
diversión o manutención (por eso es que el mensaje de la cruz no es popular),
es un medio de adoración, alabanza y gratitud a Dios. Meditemos.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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