Cuando
al mundo se le habla del “desierto”, inmediatamente piensan en extensiones de
tierra árida como el Sahara y sus 9.2 millones de kilómetros cuadrados, pero
cuando lo hacemos en el sentido espiritual, la situación es distinta. Pues el
“desierto” puede ser a un lado de un río, de un lago o aún frente a la
extensión marítima que cubre el globo terráqueo. Es quizás por ello, que
muchos, aún estando dentro de la iglesia NO entendemos el significado de la
expresión Apocalíptica: “Y la mujer huyó al desierto, donde tiene lugar
preparado por Dios, para que allí la sustenten…” (Apocalipsis 12:6). Hoy,
estamos viviendo el sustento de la iglesia de Dios en el desierto (encerrados
en nuestras casas), y, sin embargo “insensatos” la quieren seguir exponiendo
abriendo los templos, ya sea por necesidades económicas; egocentrismo; por
evitar la vergüenza de tenerlos vacíos, o, más dramático aún: por “ignorancia”
de la Palabra de Dios. Hoy, al igual que en el principio (los tres primeros
siglos de la verdadera iglesia del Cristo), la iglesia debe estar “oculta” no
expuesta. Bien dice la Palabra: “El hombre prudente ve el mal y se ESCONDE, el
simple sigue adelante y PAGA las consecuencias” (Proverbios 27:12). ¿Aún nos
preguntamos: En dónde está el desierto en donde estaremos sustentados?
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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