“Jehová,
Dios de los ejércitos y Dios de Israel dice así”: ¿Por qué hacéis tan grande
mal contra vosotros mismos, para ser destruidos el hombre y la mujer, el
muchacho y el niño de pecho sin que os quede un remanente? (Jeremías 44:1). ¿De
qué mal habla Jehová en ésta porción? De
un detalle que “solamente” se menciona dos veces en toda la escritura: “Adorar
a la reina del cielo” (Jeremías 7:18 y 44:17), y en ambas, Jehová lo reprocha,
pues era una diosa babilónica. La escritura “jamás” menciona a una reina del
cielo aprobada por Dios, pero, lo importante aquí no es eso, sino el hecho que
rodea éstos eventos. Veamos: Cuando las mujeres de Israel son cuestionadas por
el profeta Jeremías del por qué adoraban a alguien que Dios no aprobaba, ellas
responden: ¿Acaso lo hicimos nosotras sin el consentimiento de nuestros
maridos? (Jeremías 44:19). ¿Cuál es el punto importante aquí, si nuestro tema
es que, quien protege a la familia es el padre y no la madre? Exactamente ese,
cuando un padre NO está en línea con Dios, las consecuencias no solamente las
paga él, sino también la esposa, y los hijos, y sus nietos (remanente). Parece
duro, parece injusto, parece inhumano, pero el punto es que Dios… no es humano,
él es Divino, omnipotente y así lo dispuso: “Pondré a ésta ciudad (nación,
ciudad, familia, individuo) por espanto y burla” (si no tiene mi cobertura)
(Jeremías 19:8).
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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