Jehová
le dice a Jeremías: “Ponte en el atrio de la casa de Jehová y no retengas
palabra” (Jeremías 26:2). Y Jeremías obedece aún a sabiendas que su vida corría
peligro ante los religiosos, tal y como sucedió (ver verso 8). Y la palabra de
Jehová decía: “Si no oyeres mis palabras para andar en mi ley, yo pondré ésta
casa y ésta ciudad bajo maldición” (Jeremías 26:2-6). Más los sacerdotes NO
hicieron caso, y tomaron prisionero a Jeremías en lugar de arrepentirse. La
lección para nosotros hoy sigue siendo la misma: No retengas palabra si viene
de Jehová. Y ¿Cómo sabemos si la palabra viene de Jehová? La escritura nos enseña, que cuando se hable
de paz y seguridad… es porque el fin viene (1ª Tesalonicenses 5:3). Hoy, no hay lugar del mundo en donde no se hable
de paz y seguridad pero no real sino por una urgencia del momento, pues cada
día que enfrentamos sabemos que estamos más cerca de ese momento de
confrontaciones bélicas, política, sociales y económicas que están destruyendo
la sociedad, pero que al final resultan ser la destrucción de la que hablaron
los profetas. ¿Quién será el insensato, que hablará que lo mejor (en lo
material) está por venir? Meditemos. (Apocalipsis 22:11-12). Bien haríamos
mejor, en conocer en qué momento de la historia estamos viviendo, así qué: No retendremos palabra.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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