No es vergüenza, es bendición.

 


 

“!Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! Dice Jehová (Jeremías 23:1). ¡No las habéis cuidado! ; he aquí, que yo castigo la maldad de esas obras, dice Jehová (Jeremías 23:2). Ahora bien, el castigo, no fue que cayera un rayo sobre esos pastores malos. Sino que, tuvieron que ver cómo Jehová mismo acogió a esas ovejas ofendidas y despreciadas (Jeremías 23:3). Fueron puestas bajo pastores con la cobertura del mismo Dios; fueron libradas de todo temor; fueron libradas de qué o quién las amedrentara, y, ya no fueron menospreciadas (Jeremías 23:4). Dice la escritura que en donde está el Espíritu de Dios… hay LIBERTAD (2ª Corintios 3:17). Preguntamos: ¿Realmente nos sentimos libres en donde estamos? Si es así, no nos movamos de allí, pues el Espíritu de Dios está “gobernando”.  Pero, si nos sentimos esclavos, entonces movámonos ¡ya!, pues el que gobierna es el “espíritu del hombre”. Jehová mismo expresó: “Aún en mi casa hallé su maldad” (Jeremías 23:11). ¿Fue usted expulsado de una congregación por no querer ser esclavo? No es vergüenza… es bendición.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

 

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