Lo que sufre el profeta Jeremías.

 


 

Todo el pueblo se echa en contra del profeta Jeremías porque siempre que habla en nombre de un Dios bueno, amable, paciente y misericordioso, habla de cautiverio, muerte, destrucción y abandono (Jeremías 20:7). El pueblo se “burla” del profeta porque todos quieren paz, prosperidad y estabilidad, así, el profeta hasta es castigado y expulsado del templo (Jeremías 20:7a). ¿Qué es lo que está sucediendo en la gran mayoría de las congregaciones hoy en día?  EXACTAMENTE lo mismo. Líderes como Pasur, de renombre, de alto grado en la iglesia (seguidos por muchos incautos) están predicando desde el púlpito lo contrario de lo que Dios YA declaró para el final de los tiempos angustias, persecuciones, destrucción y muertes (vea Matero 24; Marcos 13 y Lucas 21). El profeta llega al colmo de decirse él mismo: “Ya no hablaré más, pues la palabra de Dios solamente me ha servido para escarnio y persecución, mejor no me acordaré más de lo que Dios me dijo” (Jeremías 20:8-9). Pero, ¿Cómo termina su reflexión el profeta? Diciéndose: “Pero, no obstante, en mi corazón hay un fuego ardiente que trato de sufrir… pero no puedo” (Jeremías 20:9). Exactamente lo mismo que “agolpaba” el corazón del apóstol Pablo seis siglos después (2ª Corintios 11:28) ¡Pocas personas HOY sufren ese tipo de dolor por el pueblo de Dios, y aún por el mundo,  todos los demás solamente quieren comer del evangelio! (vea 2ª Pedro 2:1-3).

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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