La justicia de Dios difiere de la del hombre.

 


 

Conías, hijo del rey Joacin de Judá, abusa de la posición de su padre (Jeremías 22:24), y es entonces que Jehová da su sentencia: 1- Será echado él y sus generaciones a tierra que no conocían: 2- Será privado de tener descendencia; y 3- Nada de lo que sus manos hagan prosperará (Jeremías 22:28-29). La justicia del hombre nos dice que todo aquél que comete un delito debe pagar por ello a la sociedad, generalmente lo hace siendo privado de su libertad. Dios es bueno, es misericordioso, es paciente, pero, cuando colmamos esa paciencia él es implacable, tanto así, que quienes se han atrevido a desafiarle colmando su paciencia, no solamente ellos, sino también todos los suyos (sus descendencias) acaban pagando las consecuencias. Aquí lo vemos con Conías, Dios le ha hablado en repetidas ocasiones pero él no escucha y menos obedece, entonces viene el castigo de la ira de Dios: 1- Destierro; 2- Esterilidad; y 3- Ausencia de prosperidad. ¿Estamos conscientes que Dios nos habla cada día pero que nosotros preferimos el mundo y sus placeres? (Hebreos 1:1-2) Meditemos para que después no nos quejemos. Dios es paciente… pero tiene límites, no los rebasemos.

 

Señor: Danos un honesto celo por tu casa.

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