Jeremías
ha estado por buen tiempo diciéndole al pueblo de Dios que dejen la idolatría,
porque contrariamente a lo que el pueblo y los sacerdotes piensan, esto ofende
tremendamente a Dios. Pero el pueblo y los sacerdotes NO entienden… hasta que…
los males, las angustias, las contrariedades vienen (Jeremías 21:2). Cuando la
necedad de consultar, adorar y tener otros dioses les falla… entonces consultan
hasta sin vergüenza alguna, a aquél con el quien han estado enfadados y molestos, al grado que lo han perseguido
(Jeremías 18:18 y 20:3).
Pero,
lamentablemente cuando “colmamos” el corazón de Dios ¿qué es lo que sucede?, lo
vemos en el pueblo de Israel, Dios responde: “Pelearé CONTRA vosotros, con mano
alzada y con brazo fuerte, con furor y
enojo e ira grande” (Jeremías 21:5). Repetimos lo que tanto dice la escritura:
¡No podemos agradar a alguien haciendo lo que a ese alguien NO le agrada!. Y
cuando lo hacemos en contra de Dios (palabras de Dios) la situación NO tiene
vuelta atrás. Lo que podemos hacer es: “Dejar de hacer lo que no le agrada…
antes que colmemos su paciencia, dejemos los ídolos, dejémonos de engañarnos a
nosotros mismos con palabras vanas de: no son ídolos, no los adoramos, no los
veneramos, no nos inclinamos a ellos, solamente son “representaciones”, no
esperemos que la pena apriete. Porque nadie puede engañar a Dios (Gálatas 6:7).
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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