El
pueblo de Israel estaba apartado de su Dios, pues de labios le adoraban pero de
obra pecaban contra él, haciendo lo que a él no le agradaba: Confiando en otros
dioses (idolatría). Así, unos profetas para calmar al pueblo les profetizan:
“No veréis espada, ni habrá hambre entre vosotros, sino que en lugar de eso os
daré paz dice Jehová” (Jeremías 14:13). Pero, Dios por medio de un verdadero
profeta como lo era Jeremías envía a decirles a esos seudo-espiritules: “Cuando
ayunen, yo no oiré vuestro clamor; y cuando ofrezcan holocausto y ofrenda no
los aceptaré, sino los consumiré con espada y hambre” (Jeremías 14:11). ¿Por
qué, si el pueblo cree agradar a Dios, le ofende? Precisamente por eso, porque
el pueblo “cree” estar agradando a Dios pero no lo hace. ¿Preguntamos a manera
de simbología? Si una esposa sabe que a su esposo NO le agrada una comida con
cebolla o con ajo, cree usted que solamente porque la esposa la hace con el
deseo de “agradarlo”, a él le va a agradar comerse algo en donde “abunde” la
cebolla y el ajo? ¡Si no le gusta, no le
gusta y no lo va a agradar y punto! Bueno, pues eso sucede con Dios, si él dice
que NO le agradan los ídolos, la desobediencia, la indisciplina, cómo
pretendemos “agradarlo” haciendo precisamente esas cosas. Meditemos.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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