Hubo
un tiempo en Israel cuando los labradores se asombraron; los animales parían y
dejaban sus crías porque no había hierba; y las bestias se ponían en las
alturas, sus ojos se ofuscaban porque no había hierba (Jeremías 14:4-6). ¿Por
qué dicen las escrituras que sucedió eso? Porque la tierra se resquebrajó por
no haber lluvia en el país (Jeremías 14:4). El agua en las escrituras es un
símbolo de la palabra de Dios (Proverbios 18:4 y Juan 7:38-39). Por lo tanto,
hemos de entender que la “ausencia” de la palabra de Dios en una tierra (zona
geográfica o ser humano) trae consigo una sequía enorme (Jeremías 14:4). O, por
el contrario y en términos generales, una abundancia de agua nos habla de
abundancia de la presencia de Dios (Juan 7:38). Pero, también como vemos en el
principio de la humanidad, una abundancia de agua puede venir por juicio (el
diluvio universal) (Génesis 6:7). A Israel o a cualquier nación tanto una
sequía como una inundación le pueden venir por diferentes motivos materiales o físicos,
pero si creemos en las escrituras, ellas nos darán la respuesta dependiendo del
sistema de vida que esté llevando esa nación, pueblo o persona.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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