Nuestra
abuela nos decía de niños: “Patojos, ya cálmense que la paciencia tiene
límites”. ¡Cuánta razón tenía la abuela”. En las escrituras vemos que hasta
Dios tiene un límite con su paciencia y misericordia. En el libro de Jeremías
en el capítulo 7 y verso 16, leemos: “Tú, pues (Jeremías), no ores por este
pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni ruegues; porque NO oiré”.
¿Cuál es la razón por la que el único Dios verdadero, paciente y
misericordioso… declara tal sentencia?
Lo vemos en los versos 8-9 del mismo capítulo 7: “Porque mintieron,
hurtaron, mataron, adulteraron, juzgaron en falso y anduvieron con otros
dioses”. Alguien dirá: Pero eso lo hemos hecho todos en algún momento. Cierto,
pero el punto es que: “Dios les había hablado sin cesar que dejaran de hacer
esas cosas (verso 13), y ellos no quisieron escuchar la voz de Dios, por ello,
cuando ellos quisieron hablarle a Dios, Dios no quiso escuchar la voz de ellos.
Meditemos: Si Dios nos está hablando hoy, hagamos la lucha por escucharle y por
obedecer… no sea que, en el día de la angustia clamemos y no quiera él
escucharnos, porque el día de la angustia llegará (Salmo 50:15).
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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