En
los tiempos anteriores al Cristo, Dios permitió se erigiera un templo para que
quien quisiera encontrarlo y tener intimidad con él, llegara (1ª Reyes 6:1). Y
ese templo llegó a ser “tan” importante para el pueblo que en ocasiones
significaba más que Dios (Mateo 23:18-21). Esa fue una de las principales
razones por las cuales Dios permitió que fuera destruido en el año 70 de
nuestra era. Hoy, los creyentes hemos construido templos en cada ciudad, en
cada región, en cada aldea, y, lastimosamente, otra vez esos templos han
llegado a ser “más” importantes que buscar a Dios, ponemos un ejemplo: Una
oveja no llega el domingo al templo, y tanto el líder como las otras ovejas
creen que está “perdido”; que está “caído de la gracia”; es más, hay
congregaciones en donde consideran que cometió “pecado mortal y DEBE confesarlo”.
Y, en contra parte esa oveja es de las que se levanta de madrugada “toda” la
semana a orar; a estudiar las escrituras; hace caridad continua; tiene un
ministerio de oración, etc. pero, como NO llega al “ídolo llamado templo”… está
caído o en pecado. Quizás por ello, otra vez el Señor está destruyendo ese
“ídolo llamado templo” al no dejar que sean aperturados como antes debido a la
crisis mundial… tan sólo decimos: ¡Quizás!.
Nota: Es bueno juntarse con los hermanos, pero no es bueno creer que quien no llega está en pecado.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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