Las escrituras
nos muestran cuál es el camino para que, agradando a Dios, seamos santificados.
En el libro 1ª Tesalonicenses y capítulo 4, vemos el procedimiento, pues se nos
dice: “La voluntad de Dios es vuestra santificación”, y, la forma de lograrla es: 1- Apartaos de
fornicación (Iniciemos diciendo que la palabra usada es “pornea” que significa,
según la versión Septuaginta –versión hecha por 70 rabinos judíos- fornicar,
idolatrar, apostatar o prostituirse). Así, lo primero que Dios nos pide para
llegar a la santificación es: NO tener relaciones sexuales fuera del
matrimonio; no tener ídolos; no apartarse de su verdadero evangelio, y por
supuesto, no prostituirse con el mundo (1ª Tesalonicenses 4:3). 2- Que no
agraviemos al hermano, entendamos aquí algo claro: Al especificar “hermano”, o
sea, de no lastimar a “otro hijo de Dios” (verso 6ª). 3- Que no engañemos al
hermano. Esto NO implica que sí podemos engañar al impío, pero sí es claro al
determinar que no a un su hijo por la razón que somos uno con él, por lo tanto
estaríamos tratando de engañarlo a él (Juan 17:21). Así, el camino a la
santificación la escritura lo resume en: No fornicar, no agraviar y no engañar.
Señor:
Danos un honesto celo por tu casa.
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